Córdoba: Vecinos y un policía gozan y le pegan a un joven moribundo.

Locales 11 de febrero de 2019 Por
"Somos una sociedad enferma de deseos de venganza. Es así como queremos vivir?"

En Córdoba ocurrió algo espantoso y no le estamos prestando atención. Un joven que había cometido un delito fue filmado mientras agonizaba después de recibir un disparo de un vecino “justiciero”. Si no reaccionamos, podemos ser cómplices del horror.

Han pasado tres días desde que se conoció el video donde un grupo de vecinos y dos policías son testigos de los momentos de agonía de un joven de 21 años, llamado Fabián Triveri. 
El joven acababa de cometer un robo. Era, si así prefieren llamarlo, “un ladrón”. Robó un celular y mientras escapaba, un vecino cuyo nombre no ha trascendido, le disparó en el pecho. En este texto voy a tratar a Triveri como una persona, quizá algunos de los que lean preferirían que lo llame “choro”, “chorito”, “basura”, “hijo de P…” o de cualquier otra manera que le quite la categoría de persona. Les pido que, pese a esa diferencia de criterio, sigan leyendo y vean este video:

No soy un periodista influyente. Otros colegas tienen más dotes que yo para eso. Tampoco busco decir lo que la gente quiere escuchar, también hay otros con más cualidades para esas cosas. Sin embargo, soy un periodista y creo que hay cosas que deben decirse ante este caso.

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He trabajado en varios medios de comunicación (La Voz, Día a Día, Radio Mitre, Canal 12, Canal 10, Nuestra Radio y ahora, en Radio Universidad). Por eso entiendo que es extraño que este tema no esté en el centro de la agenda de estos días. Que no haya editoriales sobre el tema, que no se discuta en los noticieros, que no hablemos sobre lo que esta situación pone en evidencia.

Entiendo que es posible que a nadie le parezca importante como a mí, pero también es posible que haya un interés especial para que no se hable de esto. Quizá el poder político no quiere que entre en agenda en tiempos electorales o, quizá y esto es lo que más me preocupa, nuestra sociedad se haya acostumbrado y disfrutemos de ver la muerte en vivo de una persona a la que llamando “ladrón” le quitamos la categoría de persona.

Este post está dirigido a todos los que lo quieran leer, pero especialmente a la clase política (Justicia Ddhh Cordoba), a la Justicia, al Ministerio Público Fiscal - Poder Judicial de la Provincia de Córdoba y, en particular, al fiscal Gustavo Dalma, la persona que tiene a su cargo la investigación del caso.

No estoy pidiendo castigo, no me corresponde. Estoy pidiendo reflexión. Atención. Hacernos cargo de que, si no paramos con la violencia, la violencia va a venir contra nosotros.

Gustavo Dalma es un fiscal “cercano al gobierno provincial”. Útil para el poder. Eso es lo que dicen mis fuentes. Conozco mucho del ámbito judicial local y me aseguran que Dalma lamentó que trascendiera el video (lo publico en primicia ElDoce.tv) porque complicaba su deseo de que el tema pasara rápido al olvido. Por otro lado, aseguran que el fiscal no tiene interés en investigar lo sucedido. Finalmente, me dicen, ha dicho en privado que no le parece grave lo que sucede en la escena.

Les pido que me ayuden a compartir este texto y que lo hagan haciendo un comentario para tratar de generar una discusión social al respecto. Es presuntuoso quizá, pero necesario. Así es posible que le llegue pronto al fiscal Dalma y a muchos más. Si los grandes medios no quieren hacerlo (confío en que los periodistas sí) abramos aquí un ámbito de discusión sobre esto. No entre nuestros amigos que piensan igual que nosotros, sino entre todos los que piensan distinto. Miremos juntos y todos esta realidad con los ojos abiertos.

Ahora, hablemos del video es interesante leer esta descripción y volver a verlo:

En la primera imagen se ve a una persona filmando y corriendo hasta el lugar del hecho. A los cuatro segundos podemos observar una especie de panorámica. Una persona está tirada en el piso y rodeada de vecinos y un policía. Es importante detenerse en una persona que está parado a la derecha con un celular en la mano. Recomiendo prestarle atención a sus zapatillas.

A los 15 segundos, un vecino (quizá el mismo de las zapatillas, quizá el que está filmando) comenta “un ladrón este, hace rato que anda afanando acá”. Su frase es interrumpida por el joven herido (Fabián Triveri), pidiendo con miedo ayuda al policía: “Señor, me puede llevar al hospital”. Después de un silencio, el herido repite con más claridad: “Oficial, ayudemé” (eso ocurre a los 0,21 segundos). En un volumen más bajo se escucha la voz de un vecino que dice: “Bien hecho”.

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Ya llegamos al segundo 27, pero el policía parece no prestar atención a lo que le pasa al chico y le grita a un compañero: “Cruzá el móvil”. El chico agoniza. A los 39 segundos otra vez pide ayuda. Hay una persona sentada al lado de él, pero no está atendiéndolo sino sujetándolo. En ese momento lo que está sintiendo el herido es algo similar a lo que sentimos cuando nos quedamos sin aire después del golpe. Él lo siente de una manera progresiva y allí se explica la angustia que se percibe en la voz. El joven va sintiendo que cada vez le es más dificultoso respirar mientras las personas que deberían socorrerlo empiezan a burlarse de él. A los 40 segundos el joven de 21 años pide nuevamente que lo lleven al hospital y se escucha por primera vez y con claridad la voz del policía dirigiéndose a él: “Callate la boca, sos un chorito vos” y un segundo después el mismo policía le pega una patada.

En este punto también podemos ayudar al fiscal porque quizá él (como me dijeron que habría comentado) considera que se trata de “una patadita”, cuando lo importante es decir que esa “patadita” es aplicada en la espalda del chico herido, justamente a la altura del pulmón. Lo que el chico sufre en esos instantes se conoce técnicamente como un hemotórax, es decir que tiene una hemorragia interna pulmonar que le empieza a llenar los pulmones de sangre. El fiscal debería evaluar si la “patadita” está vinculada con lo que se ve en el video en los segundos siguientes cuando el chico trata de hablar y no puede hacerlo hasta que logra enfocar los ojos y dice: “Me siento sin aire”. Eso ocurre en el segundo 47 de la filmación. El Policía en ese momento se agacha y se le puede ver la cara mientras el herido ruega: “Oficial, rápido” y le contestan: “Estás mintiendo, no te hicieron nada”. 
Mientras tanto vemos al agente moviendo a la persona moribunda de una manera totalmente desatenta. “Mirá, toquemé”, pide el chico en el segundo 51, dando lugar a un diálogo en el que el joven (cada vez con más dificultad para respirar) le dice que le pegaron un tiro y el policía le contesta con una frase extraña: “Te aprovechás de una mujer”. Inmediatamente un vecino aporta algo más al absurdo tratando de “maricón e inutil” a la persona que está agonizando. El vecino, que se siente muy macho filmando la muerte, explica por qué está filmando: “Mañana se va a ver en todos lados la cara tuya, sorete”, le dice quizá creyendo que el herido se revuelca para esconderse, cuando en realidad sigue sintiendo que la sangre ingresando en su pulmón lo está ahogando por dentro, aunque por fuera no se vea. Ese es el momento en que el mismo policía que hablaba antes con el chico, lo interrumpe: “Caballero, por favor”, le dice al que filma que vuelve a dirigirse al herido con la frase: “Maricón, inútil”.

En el minuto con dieciséis segundos, el herido ya no sabe qué hacer para que lo atiendan y los vecinos lo tratan de “basura” lanzando la frase más vergonzosa quizá de su desagradable acto de exhibicionismo: “Lo peor es que sale mañana el inútil este y sigue matando gente”. Quizá es bueno recordar en este momento que Fabián Triveri había robado un celular, no había utilizado ningún arma.

Al minuto con 19 segundos vemos la misma zapatilla del hombre que estaba en la escena al momento de iniciarse el video, que le pega una patada al chico en la cabeza. No es una patada fuerte, pero le recuerdo fiscal Dalma que en el caso Spedale uno de los asesinos de Marcos fue condenado “sólo por pegar una patada” que no tuvo que ver con la muerte de Marcos. El odio de esa persona le impide darse cuenta de que quien cometió un homicidio no es el joven (que sólo cometió un hurto simple al robarle el celular que está en el suelo) sino el otro vecino (cuyo nombre el fiscal Gustavo Dalma hace bien en proteger) que le disparó al herido que está en el suelo.

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La imagen siguiente es la más triste quizá, porque por un lado muestra al chico que casi no tiene fuerzas, mientras se empieza a hablar del celular como si el aparato fuera más importante que la vida que está en juego. Antes, un policía pregunta en qué calle están, por lo que cabe preguntarse si alguna vez llamaron a la ambulancia. El herido parece tener algo de aire todavía cuando en el minuto con treinta y seis segundos les pide por favor que le vean su ropa para darse cuenta de que está herido. La respuesta es otra vez (por parte de los vecinos y el Policía) que está mintiendo.

“No puedo respirar, no puedo respirar” repite el moribundo que trata de levantar las piernas como un acto reflejo para que le ingrese un aire que su pulmón (inundado de sangre) no puede recibir. Mientras tanto la mujer que sufrió el robo ha dicho que nunca le vio un arma al herido, pero que la amenazó con que iba a matarla si no le daba el celular. En esos segundos, después de flexionar las piernas, el chico trata de tomar aire por la boca y después de un silencio el vecino vuelve a mostrar su maldad: “Este hace rato que anda afanando acá”. El chico sigue muriendo, pero el otro policía que ha ingresado a la escena del hecho pregunta de nuevo por el celular y dialoga con la víctima del robo. El video termina con un último ruego del herido y una nueva respuesta del policía diciendo que está mintiendo. 
Según la información que trascendió, la ambulancia nunca llegó. En declaraciones a canal 12 el Director General del Tribunal de Conducta Policial, Rodolfo González, dijo que los policías inmediatamente trasladaron al chico al hospital de urgencias. El video deja en claro que eso es falso. Es cierto que fueron los propios policías quienes trasladaron al joven al hospital (no quiero imaginarme cómo lo subieron al móvil), pero no es cierto que lo hayan hecho inmediatamente. En el camino. El móvil no fue a toda velocidad al hospital. Los policías tuvieron tiempo de coordinar con la ambulancia para encontrarse a mitad de camino y cambiarlo de vehículo. Cuando llegó al Urgencias, Triveri estaba muerto.

Para los que digan que sólo quiero defender a “los ladrones”, les aviso. En 2018 me robaron dos veces en mi casa y dos veces más en mi radio. Además, le robaron a uno de mis socios dinero para pagar deudas y una computadora. Escribo esto porque quiero seguir confiando en que somos capaces de vivir en una sociedad menos violenta. No escondamos esto, lo pongamos sobre la mesa, debatamos sobre esto, nos hagamos cargo de lo que nos está pasando.

El jueves el muerto (“ese otro” que “se lo merecía” porque era “sólo un ladrón” según los vecinos) fue Triveri. El próximo “otro” que agonice mientras se ríen de él, puede ser cualquiera de nosotros. Basta escuchar a esos vecinos (que no son diferentes a ustedes ni a mí) para darse cuenta de que disfrutarían también el día que sean ustedes los que agonicen.

Esas personas se muestran inhumanas y muchos de nosotros también. Esconder lo que hicieron es condenar a la sociedad a no curarse nunca. Es condenarnos a todos. A nuestros hijos.

En la nota de ElDoce.tv los votos a favor cuadriplican a los que están en contra de lo sucedido.

Somos una sociedad enferma de deseos de venganza. ¿Es así como deseamos vivir?

Por Dante Leguizamón

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"La suya es una sociedad de clases, señora, y la suya también, señor, y ténganlo muy en cuenta, si no quieren que su amnesia termine en terapia de choque. También es una sociedad capitalista y accionada por el mercado, uno de cuyos atributos es el ir dando trompicones de una depresión/recesión a otra. Como es una sociedad de clases, reparte los costes de la recesión y los beneficios de la recuperación de forma desigual, aprovechando cualquier ocasión para dotar de mayor firmeza a su columna vertebral: la jerarquía de clases"

Zygmunt Bauman