La obsesión de Macri y sus amigos a las perversiones que están dispuestos si logran quedarse otros cuatro años en Casa Rosada

Política 13 de julio de 2019 Por
Hace días comenzó la campaña electoral que seguramente va a terminar con el gobierno de Mauricio Macri, así se pondrá fin a la peor pesadilla para el pueblo y la clase trabajadora.
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Como nunca estamos observando, no sin un alto grado de estupor, a una derecha desatada con su carga de odio de clase y esa mirada desdeñosa hacia el pueblo entero. Un Macri carente de recursos dialécticos diciendo, al igual que Vidal, que ya no nos van a mentir más y que si han sido capaces de lograr “esto”, imaginen lo que puede conseguir en cuatro años más de gobierno.

Sus socios empresarios se quitan la careta en una suerte  desnudando las perversiones a que están dispuestos si finalmente lograran quedarse otros cuatro años en la Casa Rosada.

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Los límites como se puede observar, se han corrido a los extremos y nada ocurre de modo casual cuando Macri y sus esbirros la emprenden contra un sector determinado. Como en toda batalla hay estrategias que se aplican de manera conjunta, entonces, la política ataca a los dirigentes y los empresarios comienzan a instalar la idea de una más feroz flexibilización, laboral que pueda acompañar el plan de sometimiento a los poderosos del planeta mediante el pretendido acuerdo Mercosur-UE.

Es que para que dicho acuerdo tenga sentido práctico, la Argentina *debería* destruir de raíz la legislación en materia de derechos laborales, que es ejemplar y señera en el mundo, para así definitivamente llevar nuestra economía a un estado de primarización, donde solo preponderen las actividades agropecuarias, mineras, las energéticas y no muchos más.  Todo esto se podría cumplir sin que existan sindicatos fuertes y sin, por supuesto, derechos laborales que amparen y protejan a sus trabajadores.

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Casi en paralelo sus socios empresarios se quitan la careta en una suerte de streep tees ideológico, desnudando las perversiones a que están dispuestos si finalmente lograran quedarse otros cuatro años en la Casa Rosada.

La comunicación del macrismo está hoy centrada en marcar las diferencias de clase y el odio visceral del que son portadores, contra “lo popular”; Las revulsivas escenas televisivas dan plena cuenta de ello y sus voceros han entendido que no se verán en otra oportunidad como esta para llenarse los bolsillos haciendo lo que les gusta, es decir, atacando al peronismo y toda expresión política de tinte popular, sin importar las formas.

La mentira ha llegado de la mano de Macri para quedarse en tanto forma de comunicación política amparada en el dispositivo de blindaje mediático más escandaloso que jamás existiera en país alguno, y merced a la*aún* más escandalosa concentración empresarial de medios de comunicación, con más la destrucción de los medios de comunicación de la red estatal.

La semana ha dejado en materia política solo ataques desde la derecha a los dirigentes de la coalición opositora, pero también la han emprendido duramente contra el sector del trabajo, llegando a expresar alguno de los voceros mediáticos, la posibilidad de que Sergio Palazzo secretario general de los bancarios, corriera la misma suerte que el misteriosamente desaparecido sindicalista norteamericano Jimmy Hoffa.

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Los límites como se puede observar, se han corrido a los extremos y nada ocurre de modo casual cuando Macri y sus amigos  la emprenden contra un sector determinado. Como en toda batalla hay estrategias que se aplican de manera conjunta, entonces, la política ataca a los dirigentes y los empresarios comienzan a instalar la idea de una más feroz flexibilización, laboral que pueda acompañar el plan de sometimiento a los poderosos del planeta mediante el pretendido acuerdo Mercosur-UE.

Es que para que dicho acuerdo tenga sentido práctico, la Argentina *debería* destruir de raíz la legislación en materia de derechos laborales, que es ejemplar y señera en el mundo, para así definitivamente llevar nuestra economía a un estado de primarización, donde solo preponderan las actividades agropecuarias, mineras, las energéticas y no muchos más.  Todo esto se podría cumplir sin que existan sindicatos fuertes y sin, por supuesto, derechos laborales que amparen y protejan a sus trabajadores.

Cual afinado coro entonces, el empresariado nacional ha salido a gritar de manera obscena que deben tener la posibilidad de despedir trabajadores como y cuando les venga en gana y otros acompañan la melodía coreando que Macri les permite aumentar los precios, cosa que Cristina no. Entonces el televidente o la señora que desde la radio aplaude a Majul, Pagni o Lanata debe de alguna manera enterarse que lo que se viene es peor y más rápido a decir del propio Mauricio Macri.

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"La suya es una sociedad de clases, señora, y la suya también, señor, y ténganlo muy en cuenta, si no quieren que su amnesia termine en terapia de choque. También es una sociedad capitalista y accionada por el mercado, uno de cuyos atributos es el ir dando trompicones de una depresión/recesión a otra. Como es una sociedad de clases, reparte los costes de la recesión y los beneficios de la recuperación de forma desigual, aprovechando cualquier ocasión para dotar de mayor firmeza a su columna vertebral: la jerarquía de clases"

Zygmunt Bauman